viernes, 22 de julio de 2011

Llueve sobre mojado


Había llovido a cántaros, todo el día y toda la noche. Las calles estaban intransitables. Sin darse cuenta siquiera se encontró en la vereda e intentó parar un taxi. Ninguno tenía la luz de libre encendida. Finalmente hubo uno. Se subió cuando ya casi se había dado por vencida. Se bajó en ese barrio desconocido, justo en la estación de servicio. Durante algunos minutos, no pudo precisar cuántos, caminó de esquina a esquina esa cuadra fatal. Pasó un muchacho y le pidió un cigarrillo. Ella le ofreció los que traía y él aceptó resignado. Se perdió por un rato en la espalda de ese desconocido que se alejaba. Quiso olvidar por qué estaba parada en esa esquina, con el pelo enrulado por la humedad, con el corazón galopándole en el pecho. No pudo. Ya estaba de nuevo parada frente a la puerta de reja negra. Tocó timbre varias veces hasta darse cuenta que no había luz. La casa parecía vacía, sin embargo no podía moverse de ahí. Aplaudió hasta que le dolieron las manos. Él apareció desde algún lugar de ese jardín laberíntico. La miró sorprendido, con ganas de salir corriendo en ese mismo instante. Ella reconocía esa mirada, ese pavor cada vez que él la veía. Sin embargo le abrió la puerta, la dejó pasar y se quedó a pasar la noche. La última, pensó ella. Pero se equivocó...

lunes, 15 de noviembre de 2010

Dormir con sueños


Es tarde. Los ojos me pican de sueño. Sin embargo no puedo posponer esta lectura. No sé lo que voy a encontrar en este montón de papeles que tengo enfrente, pero la curiosidad puede más que el cansancio. Aprovecho ahora que todo está tranquilo. La tele está prendida pero no la miro ni la escucho. Sólo acompaña.

Empiezo por el que está encima del pilón. Unas direcciones de mail antiguas, probablemente ya inexistentes, y unos banners en escala de grises aparecen sobre el papel. Sobre el margen derecho veo palabras cortadas, la impresión me robó el final de las frases. Y entonces como en una película el tiempo retrocede, y estoy de nuevo sentada en aquel escritorio, como hace ocho años atrás. " 15 de Noviembre de 2002" dice. Sí, exactamente ocho años el día de hoy.

Las palabras me golpean, me dan sopapos, me abruman, me inundan. No me reconozco en esas palabras. Intento, pero no lo logro. Es inexplicable la sensación de leerme sin reconocerme, y de leer lo que otro escribe sobre mí... para mí.

Hay tanto ahí, tanto, que algunas páginas no puedo terminar de leerlas. Me duelen. Me descubro llorando, al rato sonriendo, suspirando. Siento nostalgia por todo aquello, quisiera volver realmente el tiempo atrás y revivirlo. "Al lugar donde has sido feliz, no deberías volver jamás" se me viene a la cabeza. Una frase elocuente, certera, irrefutable.

Volver al lugar donde he sido feliz. Feliz como entonces. Estuve dormida, durante ocho largos años, y en vez de despertarme un príncipe con un beso, me despertó la helada cayendo sobre mi cuerpo desnudo. Injusto, pero cierto.

Llevo varias horas leyendo. Tengo sueño pero no quiero dormir. No quiero volver a dormir. Nunca más.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Aprender


Sucede que varias veces en la vida uno se enfrenta a situaciones similares, y tiene la sensación de dar vueltas en círculos. Uno parece no estar avanzando, y si lo hace, se siente propenso a tropezar con la misma piedra en el mismo lugar del trayecto que la vuelta anterior. Pero en este eterno deja vú que sin lugar a dudas es vivir, llega ese punto de quiebre, ese punto en el cual uno inesperadamente escapa por la tangente, intenta algo diferente y se sorprende a uno mismo. La noche del Viernes me encontró allí, en ese punto de inflexión.

Respiraba yo ayer el aire fresco de la noche porteña... Y vale decir, ¡cómo me gusta Buenos Aires encendida! La 9 de Julio drenando la locura de un día agitado, esas pantallas gigantes emulando groseramente a Nueva York... Me subí a un taxi, es parte del encanto. Llegué a la curva que hace Pellegrini con Lavalle, giramos y bajé en Diagonal. Respiré profundo y casi sin mirar me tomé la combi que me traería de regreso a casa. Sentada allí, abrí la ventanilla y cerré los ojos. Me sentía inquieta y ansiosa, reviviendo uno de los tantos círculos infinitos de mi vida. La cabeza cargada de pensamientos que no llevaban a ninguna parte...

Entonces me di cuenta. Ví la señal de "replay" y decidí poner el "stop". No, de nuevo no. Esta vuelta no la doy otra vez.

Necesitaba musicalizar ese momento. Subí el volumen de mi teléfono y canté sin angustia un "Viva la Vida". A eso le llamo yo aprender.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Looking ahead



Hoy me desperté con esa sensación de que algo estaba bien. Había mirado hacia atrás y había encontrado algo. ¿A mí? Empecé a buscar desesperadamente en mi memoria. Encontré escenarios y pasión desplegada. Encontré mi voz en un disco y ganas de gritar... otra vez. Moví los pies dos pasos hacia atrás. Había un par de zapatos de suelas gastadas, un pie esguinzado y un cantaor. Encontré también una página en blanco y un puñado de palabras. Dedos manchados de tiza y pasteles, y un ojo cerrado detrás de una imagen perpetua.

Ahora el cursor titila en la pantalla. Late. Provoca. "¿Donde estabas?" me pregunta. Le digo, "acá, mirando hacia adelante"...

miércoles, 10 de noviembre de 2010

El Acabose


Hormigas caminando por mis brazos. Es de noche, no puedo dormir. Deben ser las 4 de la mañana, pero no lo sé... No tengo reloj. Estoy a oscuras y no puedo levantarme de la cama. ¿Son hormigas? No estoy soñando, estoy despierta. Le digo a él de las hormigas y me contesta "estás loca". Entonces me doy cuenta que no puedo seguir así. Tengo que escribir.