
Claro que podrás vivir sin mí. ¿O acaso no lo hiciste durante todos estos años? Claro que pudiste amar sin conocerme, y vivir una vida casi plena colmada de sueños y expectativas que de a poco se fueron convirtiendo en ruinas, pero que te dejaron la experiencia única de ser padre para siempre y sólo por eso valió la pena.
Y también podrás ahora llenar tus días con asuntos menores, que mantengan tu cabeza ocupada y te impidan pensar en mí y en nosotros, que ya somos un asunto terminado, encajonado y archivado como vos mismo dijiste. Aunque me abraces fuerte en la despedida y me digas que lo único que querés es estar bien conmigo.
Te podrás volver pragmático y resolutivo como cuando el amor no se interpone en tu vida y te obliga a actuar fuera de la lógica y lo conocido.
Y sin dudas lograrás sentir que estás haciendo que el mundo sea un lugar mejor con el granito de arena que aportás cada día mientras trabajás hasta tarde a la noche o viajás durante horas a destinos impensados cumpliendo al pie de la letra con todas tus obligaciones. Y en esos viajes solitarios vas a escuchar la música que escuchamos juntos y no vas a saber por qué te va a atravesar el cuerpo un escalofrío inesperado.
Seguramente tendrás un plan para cada hora de cada día, de cada semana y de cada mes, y te vas a llenar de familia y de amigos y reuniones, y vas a comenzar nuevos proyectos que te mantengan motivado y entusiasmado porque así es tu vida.
Ahora podrás organizar todo aquello que está desordenado, volver a colocar todo en su lugar, compartimentando casi obsesivamente como a vos te gusta. Y te vas a sentir satisfecho cuando eso suceda. Y no va a haber quien te desordene, ni te ordene.
Vas a poder dedicarte por completo y cuando quieras a despegar sobre el agua para que esos pies que te mantienen atado al suelo sueñen con que pueden volar. Y el viento te va a elevar en tu barrilete gigante y vas a sentir que es ese el único lugar donde sos realmente feliz.
Ya no vas a necesitar pedir permisos, ni consultar a nadie, ni planificar de a dos, ni pensar en un futuro compartido donde las fichas no caen donde deberían caer ni todo es tan fácil y natural como habías pensado que sería. No vas a tener que lidiar con discusiones, explicaciones, desacuerdos y llantos infantiles que intentaste dejar atrás hace mucho tiempo.
Ahora por fin, vas a volver a ser libre y feliz.
Pero hay algo que hoy quizás no sepas y es que nada de todo eso tendrá sentido. Porque en la soledad habrás encontrado un refugio y un fuerte que te protege y te contiene y te hace sentir seguro porque pisás sobre terreno conocido. Pero cuando las paredes de tu muro caen (y eso yo lo supe ver y sentir), hay un hombre deseoso de ser amado, y con una gran capacidad de amar, pero que aún cree que es incapaz de hacerlo sin lastimar a alguien.
Detrás de tu mirada hay un pedido que supe escuchar, quizás demasiado tarde, y en tu sonrisa vi lo más hermoso que pudiste decirme sin palabras.
Y así como sé todo esto, sé también que un día vas a encontrarte sin el ruido de alrededor, quizá acostado en tu cama, tal vez cansado, tal vez calmado, y voy a aparecer en tus pensamientos y vas a imaginarme al lado tuyo, y vas a querer hablarme y escuchar mi voz y mi risa, y contarme lo que te pasó en el día y yo ya no voy a estar.
Y te va a envolver mi sonrisa, y te vas a llenar de recuerdos felices, y vas a preguntarte por qué bajaste los brazos, por qué no te animaste a superar la barrera del desencanto para encontrar al final a quien estuvo dispuesta más de una vez a amarte así, tal cual sos. Y no va a haber respuestas, y quizás tampoco haya solución.
Porque la distancia es traicionera, y ayuda al que quiere alejarse pero también convence al que no.
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